La primera vez que entré a un departamento con escalera interior, el dueño me dijo: “acá abajo va el lavarropas, pero siempre termina siendo un quilombo”. Y no se equivocaba. Muchas propiedades tienen ese hueco que nadie sabe bien cómo aprovechar. Algunos lo tapan con una cortina, otros amontonan cajas y, los más osados, ponen un mueble que no encaja del todo. El tema es que ese espacio, mal resuelto, puede restarle valor a la propiedad, generar objeciones en una visita o, peor aún, hacer que un comprador o inquilino descarte el inmueble. En este artículo te cuento cómo pensarlo bien, qué conviene hacer y qué errores evitar para que ese rincón pase de ser un problema a un punto a favor.
Lo que se ve y lo que no se ve
Cuando alguien recorre una casa o un departamento, lo primero que nota es el orden general. Pero el ojo entrenado —y créeme que los compradores lo tienen— se va directo a los rincones incómodos. El espacio debajo de la escalera es uno de esos lugares que, si está desordenado, genera una sensación de “esto no funciona”. No importa si después se puede arreglar: la primera impresión pesa. Por eso, antes de pensar en decoración, hay que entender qué uso le va a dar el que vive ahí. No es lo mismo una familia con chicos que necesita guardar juguetes, que una pareja que trabaja desde casa y busca un escritorio chico. Cada caso pide una solución distinta, y eso es justo lo que tenés que evaluar si estás por vender o alquilar.
¿Guardar, decorar o trabajar?
En la práctica, hay tres caminos principales. El primero es el almacenamiento. Acá conviene pensarlo en frío: no todo lo que entra abajo de una escalera es práctico. Muchas veces el espacio es angosto, tiene techos bajos o forma irregular. Meter un placard a medida puede ser caro y, si no se hace bien, queda como un parche. Si vas por ese lado, asegurate de que los cajones o puertas permitan acceder sin tener que gatear. El segundo camino es la decoración. Una biblioteca chica, un sillón de lectura o incluso una planta grande pueden transformar el lugar. Pero cuidado: si el espacio queda vacío y solo decorativo, algunos compradores lo van a ver como metros desperdiciados. El tercero es el funcional: un escritorio, un espacio para la laptop, un sector para la impresora. Esto suele ser bien recibido, sobre todo en propiedades chicas donde cada metro cuadrado cuenta. Ahí es donde aparecen los problemas si no se mide bien la altura: una silla común puede no entrar.
El detalle que suele pasarse por alto: la luz y el piso
Un error frecuente es pensar solo en el mueble y olvidarse del entorno. Si el espacio debajo de la escalera está oscuro, cualquier uso se vuelve incómodo. Una lámpara empotrada o un aplique bien ubicado pueden cambiar todo. También el piso: muchas veces queda el mismo material que el pasillo, pero si vas a poner un escritorio o un sillón, conviene que sea fácil de limpiar y que no genere ruido al arrastrar una silla. Otro punto: la ventilación. Si debajo de la escalera hay una puerta que da a un placard o a un baño, el espacio puede volverse húmedo. Antes de invertir en un mueble o en una reforma, revisá que no haya filtraciones o problemas de humedad. Eso puede arruinar cualquier idea, por linda que sea.
Qué mirar si estás por comprar o alquilar
Si estás evaluando una propiedad y ves ese espacio, no te dejes llevar por la primera impresión. Muchas veces el dueño lo tiene lleno de cosas y parece un desastre, pero con un buen orden y un mueble a medida puede ser un gran plus. Preguntate: ¿para qué lo usaría yo? Si no se te ocurre nada, probablemente ese espacio no sume. Pero si ves potencial, anotalo como una oportunidad de mejora. En cambio, si el espacio ya está resuelto, fijate si la solución es práctica o solo decorativa. Un escritorio que no tiene lugar para las piernas o un placard al que no se llega al fondo son problemas que después vas a tener que resolver vos.
Cuando lo querés publicar o mostrar
Para los que están por vender o alquilar, el consejo es simple: no dejen ese espacio vacío ni desordenado. Si no saben qué poner, al menos coloquen una lámpara, una planta o una silla. Que se vea que el lugar tiene uso. En las fotos, el espacio debajo de la escalera suele quedar mal si está oscuro. Una buena foto con luz natural o artificial puede hacer la diferencia. Y si el espacio es muy chico o incómodo, mejor mostrarlo limpio y vacío que lleno de cajas. La idea es que el comprador o inquilino pueda imaginarse su propio uso, no que vea el desorden de otro.
En definitiva, ese rincón que muchos ignoran puede ser un punto a favor si se piensa con cuidado. No hace falta una reforma millonaria: a veces basta con buena luz, un mueble sencillo y un poco de orden. Si estás por vender, alquilar o comprar y tenés dudas sobre cómo presentar o evaluar estos espacios, consultanos. En la inmobiliaria vemos todos los días cómo pequeños detalles cambian la decisión de una persona.

