El error que muchos cometen al mudarse de una casa grande: no saber qué empacar primero

Mudarse de una casa grande es un quilombo. No importa si la vendiste bien o si te mudás a algo más chico porque los pibes se fueron: el proceso de meter veinte años de vida en cajas puede volverse una pesadilla si no tenés un orden. Mucha gente arranca por lo que tiene más a mano, después se encuentra con que no encuentra el cargador del teléfono, la cafetera quedó en el fondo de un baúl y los platos aparecen recién a la semana. La clave no es solo empezar temprano, sino saber qué cosas conviene embalar primero para que el día del traslado no termines durmiendo en el piso o buscando un destornillador entre veinte cajas iguales.

Arrancá por lo que no usás hace meses

En una casa grande siempre hay espacios que acumulan cosas sin que las toques. El placard del cuarto de invitados, el fondo del ropero de la habitación principal, esos estantes del living donde están los libros que leíste una vez o la vajilla que solo usás en Navidad. Eso es lo primero que tenés que atacar. No requiere decisión ni planificación, porque no lo necesitás en el día a día. Además, te da una ventaja psicológica: ves que avanzas rápido y te sacás de encima un montón de volumen sin alterar tu rutina. Si esperás a última hora, esas cosas terminan metidas apuradas en bolsas de consorcio y después no sabés qué es qué.

La cocina se vacía al final, pero los platos de diario van primero

Un error clásico es querer desarmar la cocina entera una semana antes. La cocina es el corazón de la casa, y si la desmantelás muy pronto, terminas comiendo delivery todos los días y pagando más de lo que pensabas. Lo que sí podés hacer es empezar a embalar la vajilla que no usás seguido, los bowls enormes, las fuentes, los vasos de copas y esos electrodomésticos que están guardados hace meses. Dejá a mano lo esencial: unos pocos platos, cubiertos, una sartén, una pava, un par de tazas. Eso lo metés en una caja bien marcada que va a viajar con vos en el auto, no en el camión. No hay nada peor que llegar a la nueva casa y no tener ni para tomar un mate.

La ropa de otra temporada es tu mejor aliada

Si te mudás en verano, los abrigos, los buzos gruesos y las frazadas de invierno no te sirven. Si es invierno, la ropa de playa y las remeras finas pueden esperar. Aprovechá la estación para meter todo eso en bolsas al vacío o en cajas bien cerradas. Ocupan espacio, pesan poco y te sacás un problema enorme de encima. Lo mismo con los zapatos que no usás hace meses. En una casa grande suele haber zapatos de todos los miembros de la familia, y si los querés ordenar el día de la mudanza, vas a perder horas. Mejor clasificarlos con anticipación y que cada uno sepa dónde están los suyos.

Los papeles y documentos no esperan al último día

Este es un punto que siempre genera problemas. En una casa grande, los papeles se acumulan en cajones, en bibliotecas, en carpetas olvidadas. Facturas viejas, manuales de electrodomésticos que ya no tenés, escrituras, contratos de alquiler anteriores, libretas, fotos. Si dejás eso para el final, el día de la mudanza vas a estar abriendo cajas para buscar el DNI o el título de propiedad. O peor: vas a tirar algo importante sin querer. Lo mejor es dedicar un par de tardes a separar todo: lo que se puede tirar, lo que se archiva y lo que viaja con vos. Eso último va en una caja o bolso especial, que no se mezcla con el resto y que llevás vos mismo. No se lo des al mudancero.

Lo que está colgado o fijo se desmonta con tiempo

Los cuadros, los espejos grandes, las lámparas de techo, los estantes flotantes, los soportes de TV. Todo eso requiere herramientas y paciencia. No es algo que puedas hacer en quince minutos mientras el camión espera. Desmontá esos elementos al menos una semana antes, envolvé bien los vidrios y los marcos, y etiquetá cada pieza con la habitación de destino. Si tenés instrucciones de armado, no las pierdas. Mejor metelas en una bolsita con los tornillos y pegales una etiqueta. Después te lo vas a agradecer cuando quieras colgar todo de nuevo en la casa nueva.

Dejá para el final lo que usás todos los días

Parece obvio, pero muchos se olvidan. El cepillo de dientes, la cafetera, la notebook, los cargadores, la ropa de la semana, las sábanas de la cama que estás usando, las toallas. Todo eso se embala el día anterior o el mismo día de la mudanza. Una mochila o bolso por persona, bien identificado, con lo indispensable para los primeros dos días. Cuando llegues a la nueva dirección, no vas a querer estar abriendo veinte cajas para encontrar una remera limpia. Tener ese bolso a mano te da tranquilidad y te permite ir armando el resto con calma.

Mudarse de una casa grande no es solo cuestión de fuerza, es cuestión de orden. Si sabés por dónde arrancar, te ahorrás discusiones, tiempo y plata. Y si estás por vender o alquilar esa propiedad, una mudanza ordenada también deja la casa más presentable para las visitas o la entrega. Si te surgen dudas sobre cómo coordinar los tiempos de la mudanza con la venta o la entrega del inmueble, consultanos. En la inmobiliaria vemos esto todos los días y te podemos dar una mano para que el proceso sea más llevadero.

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