El error que muchos cometen al recibir un reclamo de mantenimiento del inquilino

Te llaman, te mandan un WhatsApp o un mensaje directo. El inquilino dice que pierde el termotanque, que el aire no enfría o que hay una gotera en el baño. En ese momento, si sos propietario, se te cruzan dos cosas: el gasto imprevisto y la sospecha de si será verdad o un capricho. Muchos dueños, en caliente, contestan mal, se niegan o intentan tirar la pelota para adelante. Y ahí es donde suelen empezar los problemas de verdad. Porque no es lo mismo atender un reclamo a tiempo que dejar que se pudra una relación que, encima, tiene un contrato de por medio.

Primero: no es una discusión, es un aviso

Cuando un inquilino te dice que algo no funciona, no te está atacando. Te está avisando. Y ese aviso, bien manejado, puede evitar que un arreglo de dos mangos se convierta en una reparación cara o, peor, en una demanda. Muchas veces el error más grande del propietario es pensar que el inquilino se quiere “aprovechar”. En mi experiencia, la mayoría de los inquilinos lo único que quieren es vivir tranquilos. Si te avisan que pierde la canilla, no lo hacen para joderte: lo hacen porque no quieren pagar un plomero de su bolsillo ni vivir en una pileta. Conviene escuchar con buena onda, aunque después tengas que revisar si es posta o si fue mal uso.

Qué dice la ley sin que te hagas el distraído

No te voy a dar artículos de memoria porque cada caso puede tener sus vueltas, pero en términos generales, el dueño tiene que hacerse cargo de las reparaciones que garanticen que la propiedad se pueda habitar normalmente. Esto incluye lo estructural, las instalaciones de gas, agua, electricidad, y los electrodomésticos si los puso él. El inquilino, por su parte, se tiene que hacer cargo del mantenimiento menor: cambiar lamparitas, destapar una bacha si fue por uso normal, cuidar los artefactos. Pero ojo, que no siempre es tan claro. Si se rompe el lavarropas porque el inquilino metió un jean con un candado, eso no va por el dueño. Pero si el lavarropas tiene diez años y el motor dijo basta, probablemente sea responsabilidad tuya. Ahí es donde conviene tener un contrato claro y, sobre todo, sentido común.

El protocolo que te ahorra dolores de cabeza

En la práctica, lo que mejor funciona es tener un procedimiento sencillo. Cuando llega el reclamo, lo primero es agradecer el aviso. Suena pavo, pero genera un clima distinto. Después, pedí fotos o un video si es posible. No para desconfiar, sino para entender la magnitud antes de mandar un técnico al pedo. Si es algo urgente, como una pérdida de agua o un problema de gas, no especules: mandá un profesional ya. Si es algo que puede esperar, coordiná un día para que vayan a verlo. Un detalle que suele pasarse por alto es tener una lista de oficios de confianza: un gasista, un plomero, un electricista. Si cada vez que tenés un problema salís a preguntar a un grupo de WhatsApp, vas a perder tiempo y plata. Tener ese contacto guardado te permite resolver en horas y no en días.

Cuándo decir que no (y cómo hacerlo sin pelearte)

No todo lo que pide el inquilino es obligación del dueño. Si te pide cambiar la mesada porque no le gusta el color, o poner un aire acondicionado nuevo porque el que está funciona pero no enfría tanto como él quisiera, ahí podés plantarte. Pero hacelo con argumentos, no con un “no, porque no”. Explicá que el artefacto funciona, que está en condiciones, y ofrecé una revisión para confirmarlo. Si el inquilino insiste, podés proponer un arreglo: él pone la mano de obra y vos los materiales, o viceversa. Negociar no es perder, es evitar que la convivencia se vuelva insoportable. A veces un pequeño gesto tuyo evita que el inquilino se vaya al final del contrato, y eso también tiene valor.

Lo que muchos dueños se olvidan: el registro

No siempre se tiene en cuenta, pero conviene dejar todo por escrito. Un WhatsApp sirve, pero si el reclamo es importante, pedí un mail o mandá una nota. Guardá los comprobantes de las reparaciones, las facturas de los técnicos y las fotos del antes y después. Esto no es burocracia al pedo: si algún día hay un conflicto, un juicio o una mediación, tener papeles te salva. También te sirve para demostrar que vos mantuviste la propiedad en condiciones, cosa que suma si después querés ajustar el alquiler o pedir una garantía más alta. El que tiene registro, tiene argumentos.

La llamada de atención final

Si sos propietario y estás por alquilar, o ya tenés un inquilino, no veas los reclamos como un gasto molesto. Son parte del negocio. Una propiedad bien mantenida se alquila más rápido, se valora mejor y genera menos conflictos. Y si no tenés tiempo o paciencia para gestionar esto, lo mejor es delegar. Una inmobiliaria que sepa del tema puede filtrar los reclamos, coordinar los arreglos y mantener la relación con el inquilino sin que vos tengas que andar apagando incendios. Si querés evitar sorpresas y tener a alguien que se ocupe de verdad, hablanos. Te contamos cómo funciona y te sacamos ese peso de encima.

También Puede Interesarte

El error que muchos cometen al calcular el costo de una mudanza

Calculá el costo real de tu mudanza evitando los gastos ocultos que muchos pasan por alto. Consejos prácticos para no llevarte sorpresas.

Más Publicaciones

El error que muchos cometen al calcular el costo de una mudanza

Calculá el costo real de tu mudanza evitando los gastos ocultos que muchos pasan por alto. Consejos prácticos para no llevarte sorpresas.

Qué hacer la primera noche en tu casa nueva (y qué evitar)

Consejos prácticos para la primera noche en tu casa nueva: cómo evitar el caos de la mudanza y arrancar con tranquilidad en tu nuevo hogar.

El error que muchos cometen al mudarse a un departamento más chico (y cómo evitarlo)

Cómo adaptar tus muebles a un departamento más chico sin sufrir: medí, priorizá y evitá el error de meter todo a la fuerza. Consejos prácticos para mudarte sin dolores de cabeza.