Terminás un contrato de alquiler, entregás las llaves y respirás aliviado. Hasta que te acordás del depósito de garantía. Ahí empieza el baile: el dueño dice que faltó pintar, que el horno no funciona igual, que la cortina tiene una mancha. Y vos pensás que te están choreando. La realidad es que muchas veces el problema no es mala fe, sino falta de registro. Nadie se acuerda cómo estaba el departamento el día que entraste. Y sin pruebas, el depósito se esfuma. Este artículo te va a ayudar a evitar esa discusión, y a recuperar la plata que es tuya.
La foto que te salva el bolsillo
Cuando firmás el contrato, el dueño o la inmobiliaria te entrega el departamento. En ese momento, la mayoría mira rápido, firma el inventario y se va. Grave error. Lo primero que tenés que hacer es sacar fotos y videos de todo: cada pared, cada piso, cada artefacto. Si la mesada tiene una raya, fotito. Si el placard tiene la puerta descolgada, fotito. Si el inodoro pierde, fotito. No importa que parezca una obviedad. Ese registro es la única prueba que tenés cuando el contrato termina. Sin eso, tus argumentos valen poco. Y si el dueño dice que vos rompiste algo que ya estaba roto, sin la foto, perdés.
El inventario no es un trámite
Mucha gente firma el inventario sin leerlo. Es un papel que describe el estado de la propiedad y los muebles. Si dice “cocina en buen estado” y vos ves que la bacha está picada, no lo firmes así nomás. Pedí que lo corrijan o agregá una observación. Si el dueño se niega, anotá vos mismo al margen y que ambos firmen. Parece una pavada, pero cuando llega el fin del contrato, ese papel es la ley. Si no hay observaciones, el dueño puede reclamar que todo estaba impecable cuando entraste. Y vos no tenés cómo rebatirlo.
El estado de salida no es lo mismo que el de entrada
Un tema que genera mucha confusión es el desgaste normal por uso. Vivir en un lugar deja marcas: se desgasta la pintura, se aflojan picaportes, se manchan los zócalos. Eso no es daño, es uso. El depósito de garantía cubre roturas reales, no el paso del tiempo. Si el dueño quiere cobrarte una mano de pintura porque después de tres años las paredes perdieron color, eso no va. Pero ojo: si vos hiciste un agujero para poner un cuadro y no lo tapaste, ahí sí es responsabilidad tuya. La línea es fina, y muchas veces el dueño la cruza. Por eso es clave tener las fotos de entrada y un inventario detallado.
Los plazos que nadie respeta
En la práctica, cuando entregás el departamento, el dueño o la inmobiliaria suelen decir “en unos días te transferimos”. Y pasan semanas. La ley no es tan clara en los plazos exactos, pero lo razonable es que la devolución se haga dentro de los 30 días de entregadas las llaves, siempre que no haya deudas de expensas o servicios. Si pasó más tiempo, mandá un mensaje cordial pero firme. Si no hay respuesta, podés intimar por carta documento. No te duermas: cuanto más tiempo pasa, más chances hay de que el dueño se olvide o se haga el distraído.
El truco de las reparaciones dudosas
A veces el dueño te dice “hay que arreglar el termotanque, lo descontamos del depósito”. Pero ese termotanque ya tenía diez años y funcionaba mal desde antes. Ahí es donde las fotos y el inventario vuelven a salvar. Si no tenés registro, te van a cobrar. Si tenés una foto del día de entrada donde se ve que el termotanque goteaba, el reclamo no corre. Y si el dueño insiste, podés pedir una factura del arreglo y comparar fechas. No te dejes apurar. Pedí siempre comprobantes de cualquier reparación que quieran descontarte.
Cuándo conviene ir a mediación
Si la charla se pone densa y el dueño no afloja, no hace falta ir directo a un juicio. En la mayoría de las provincias existen centros de mediación gratuitos o a bajo costo. Ahí un mediador escucha a las dos partes y busca un acuerdo. Muchas veces el dueño prefiere devolver parte del depósito antes que perder tiempo. Si vos tenés las pruebas, llegás con ventaja. Y si no hay acuerdo, ahí sí podés consultar con un abogado. Pero no te asustes: la mayoría de los casos se resuelven antes de llegar a eso.
Al final, recuperar el depósito no es una cuestión de suerte. Es una cuestión de registro. Si entrás con los ojos abiertos, sacás fotos, revisás el inventario y dejás todo por escrito, las chances de que te lo descuenten sin razón se reducen mucho. Y si te surge alguna duda o querés que revisemos el contrato antes de firmar, pasate por la inmobiliaria. Te damos una mano sin vueltas.

